As time goes by
¿Saben ese profesor al que nadie le hace caso y que parece que no está allí? Bueno, tal vez sea yo, piénsenlo.
Esta reflexión, a todas luces estúpida, viene a cuento de que ahora también me dedico a dar clasecillas. De proyección. Y no me refiero a triunfar en la vida, que convertiría las lecciones en paradojas, sino a proyectar películas de cine.
Allí estaba yo explicando qué era eso de la cruz de malta ("¿cómo tienes hoy la cruz de malta?", le preguntaba Berlanga a Fernán Gómez, en sus años mozos). Entonces uno de mis pupilos preguntó dirigiéndose hacia un lugar en el que yo evidentemente no estaba: "¿eso es esto que viene en estos apuntes?". Ante tamaño despliegue de demostrativos, no pude sino acercarme a ver los papelotes que esgrimía.
No se imaginan mi sorpresa cuando vi que aquellos apuntes ¡eran míos! Mis apuntes de tecnología de las cosas de mis años mozos universitarios. Mi ser se dividía entre la lágrima de entrañabilidad, el desgarro del tempus fugit y las ganas de cobrarle a aquel individuo que se lucraba de mis esfuerzos pasados. Para una asignatura que me tomo en serio en cinco años de invisibilidad en la Facultad*...
Parece ser que no es el único que los tiene, sino que se transmiten de generación en generación. Imagínense como es por tanto una Facultad en la que unos apuntes de tecnología (¡tecnología!) siguen siendo válidos cinco años después.
Así perduraré, amigos. Con los apuntes anónimos de un hombre invisible.
Mecagüenelcopyleft.
(*) No se crean que debido a mis circunstancias, sino más bien a la acumulación de humo en la cafetería. Dicen que con la Ley Antitabaco han encontrado allí alumnos dados por desaparecidos en 1999. "Err... estaba preparando un trabajo", han declarado.



