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miércoles, agosto 30, 2006

El señor del VHS

El otro día estaba yo viendo deuvedés. Más que viendo, mirando, de tienda en tienda. Llegué a una que hay en la Ciudad Hendida que antes estaba en la Ribera de Curtidores y ahora está en la más apropiada calle Casino. Y digo apropiada porque abre según le pete al dueño. Ese día ponía que volvía en diez minutos. "Si es urgente llámame al...", decía el cartel. ¿Urgente?

- ¿Diga?
- ¡¡Rápido!! ¡Venga ya! ¡Necesito una película de Paco Martínez Soria! ¡¡¡Ahora!!!

En la puerta estábamos un señor con una muleta y yo. Cuando digo un señor con una muleta, ustedes tendrán una imagen empática de un pobre ancianito con dificultades para andar. No. Piensen ustedes en el gemelo malvado de Bud Spencer con una barra de metal en una mano y la idea será más aproximada. Yo procuraba no darle la espalda mientras le oía decir que iba a arrancarle la cabeza al dueño de la tienda. Saqué el móvil como que iba a llamarle, cuando en realidad mandaba un mensaje de despedida a mis seres queridos.

Señor: Yo es que vengo aquí a por vídeos.
Anómalo: Muy razonable (no me mate).
Señor: ¿Eh?
Anómalo: No, nada, nada. Yo vengo a mirar una película que no encuentro en ningún sitio.
Señor: ¡¡Yo también!!
Anómalo: No me mate.
Señor: ¿Eh? Yo es que uso vídeo de los de verdad, no la historia esa del deuvedé.
Anómalo: Yo tengo deuvedé, pero si quiere lo tiro.
Señor-con-uvehacheese: El deuvedé ese ¿qué coño es? ¡Una estafa! Estos del gobierno que se creen que somos ggggilipollas -con" g" madrizleña-. Mira, mira qué películas se hacían antes -señalando al escaparate.
La única que había visto era Harry el sucio y como no sé estarme callado:

Anómalo: Yo ayer vi esa.
Señor: Harry el sucio -lo dijo como cuando los señores mayores hablan de sus compañeros de mili-. Yo disparé una vez una magnum 44. Cuando estaba de escolta de Franco.
Anómalo: Jijiji. No me mate. Jijiji. Por favor.
Señor-ex-escolta-de-Franco: Yo no sé para qué carajo me retiré. Y ahora nos vienen con lo del deuvedé porque le sale del coño a la Koplowitz y a cuatro delcorteinglés. ¿Qué digo cuatro? ¡Cuarenta!
Anómalo:
Ah, pensé que no decía Cuatro por sociatas.
Señor-ex-escolta-de-Franco: ¿Eh?

Entonces pasó mi amigo Salvador, dicho sea como nombre de pila, no como adjetivo ad hoc:

Salvador: ¡Hola! ¿Qué hacéis?
Anómalo: Esperar al de la tienda -dije mientras le transmitía con las pestañas un S.O.S. en morse.
Salvador: Ah, pues yo vengo negro. Vengo con este libro en la mano y la gente me mira raro.
Señor-ex-escolta-de-Franco: Es que la gente es muy ggggggilipollas. Nos tragamos lo del deuvedé como imbéciles. Porque en Esssssspaña somos imbéciles.

Aclaro que el libro era La España de Franco.

Salvador: Ni que por llevar esto tuviera que ser un facha, ¿no? -como buscando
complicidad con el Señor-nostálgico-de-su-trabajo.

Antes de que el Señor-nostálgico-de-su-trabajo se decidiese a animar a Salvador a seguir trabajándoselo para ser un verdadero facha, apareció el Dueño-de-la-tienda. Salvador se fue, el Señor-al-que-nunca-perdí-de-vista se lanzó a buscar novedades en VHS (entendiendo como novedades cualquier película de los años 40) y yo le pedí la película que buscaba, que no la tenía.

Anómalo: ¿Y no tendrá Hamlet?
Dueño-de-la-tienda: ¡De Séspir! Mira a ver en la sección de teatro, pero creo que de Séspir no tengo nada.


Es que es un director maldito.