La muerte del arte
El otro día, Misia afirmaba en su blog que una de las reacciones más comunes al arte contemporáneo es decir:”yo nunca colgaría el trabajo de este artista en mi salón”. Como en el Reina Sofía tienen aire acondicionado, le propuse a mi amiga que nos fuéramos a ver una exposición allí. Como quien salta dentro del vagón del metro cuando se están cerrando las puertas: que sabes que es peligroso, pero no puedes dejar de hacerlo.
Amiga: ¡Vale! ¿Sabes? Yo iba mucho a los museos, porque a mi padre le gusta mucho el arte.Sería por hacer performances, el tipo.
Anómalo: Ah, pues otro día podemos ir al Prado también.
Amiga: No, hombre, ni de coña.
Anómalo: ¿No?
Amiga: Que no, que no, que yo tengo piscina. Quita, quita.
Anómalo: Er... claro. Em... Entonces ¿te gusta el arte contemporáneo?
Amiga: No me acuerdo muy bien. Mi padre decía algo de eso. Algo de colgar en el salón...
Anómalo: Precisamente el otro día Mísia afirmaba en su blog que una de las reacciones más comunes al arte contemporáneo es decir “yo nunca colgaría el trabajo de este artista en mi salón”. Sería algo así.
Amiga: Sí, ya me acuerdo: “yo colgaría sin trabajo a ese artista en mi salón”. Eso es lo que decía.



