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domingo, julio 30, 2006

No echéis de menos a Fríker

Me refiero a Fríker Jiménez, no a la página de las fotos.
Para los amantes de lo desconocido y de los usos nihilistas del Potochó llega:


Con expertos en el mundo de lo desconocido como:

- César Vidal: si hubiera sido cosa suya, no había sólo cuatro evangelios.

- Cristina López Schlichtig: la pronunciación de su apellido sigue siendo un misterio.

- Luis Suárez: el entrenador de fútbol no. Creo.

- Ninfa Walt: si no mató a sus padres por ese nombre, algo debe ocultar.

Y otro montón de gente que no sé quienes son. Cortesía del semanario Alba, humor en estado puro. Porque es humor, ¿verdad? ¿No?

Gracias, Be.

martes, junio 13, 2006

Un día en la FNUCK

Pequeña Vq me pide que explique el caso y como (por unos días) es mi jefa, acato sus órdenes.

Todo empezó un día como cualquier otro: la gente hacía peticiones razonables, La sombra del viento seguía sin editarse en bolsillo... Lo normal. Demasiado normal. Seguro que todos habéis pasado por esos días en los que todo es tan aburrido que pones el piloto automático para trabajar. Debí darme cuenta de que algo iba a pasar cuando vi el libro de Jiménez Losantos en política y no me lo llevé a humor, que es su sitio (en la FNUCK somos modernos). Un tipo se me acercó y me preguntó: "¿tienes biblias?". A lo que mi piloto automático contestó, mientras me iba al ordenador: "¿sabes el autor?".
Entonces le miré y supe que la había cagado.

- Autor, ¿eh? -respondió cual Snape-. Pues ahora que hablas de autores, también quiero una copia de todos mis libros.
- Aaaaaaaaaah, sí... estoooooo... ¿usted es...?
- César Vidal.

¡¡¡NOOOOOOOOOO!!! Desesperado, miré a mi alrededor en busca de ayuda, pero mis compañeros estaban ocupados con el libro impermeable que acabábamos de recibir y la manguera de incendios.

- ¿Y no prefiere La sombra del viento en bolsillo? -pregunté para ganar tiempo.
- ¡Ah! ¿Ya ha salido? Mira, pues sí.

Le di unas indicaciones y aproveché la distracción para ocultarme. Saltaba tras un montón de libros amarillos cuando oí un bramido: "no es bolsillo. ¡¡¡ES RÚSTICA!!!".
Me creía a salvo, pero los libros amarillos eran ¡¡La cena secreta!! Ni Javier Sierra ni yo contábamos con un éxito editorial tan grande que me dejó al descubierto en menos de cinco segundos. Corrí mientras César Vidal me perseguía lanzándome unos libros que escribía sobre la marcha. Hasta que, al grito de "¡un chaleco granate!", una octogenaria se lanzó sobre mí, agarrándome de la citada prenda mientras me decía: "estoy buscando un libro". La única forma de deshacerme de ella era quitándome el chaleco granate, así que... lo hice.
El chaleco cayó al suelo mientras la octogenaria insistía en preguntarle si trabajaba allí y César Vidal sacaba la artillería pesada, pasando de la novela al ensayo.
Todo había salido bien... hasta que, junto a mis compañeros, palmeándoles la espalda por el control de calidad que estaban realizando, apareció el Sumo VQ (o RD Supremo):
- Chico, ¿sabes que no puedes quitarte el chaleco en la tienda?

Y esa es la razón por la que estoy en mi casa, sufriendo un trastorno obsesivo-compulsivo que me obliga a ordenar todos los libros que encuentro a mi paso, armado del chaleco granate que debo conservar hasta la ceremonia en la que nombren portador del mismo a mi sustituto. El pobre...

Mi TOC, yo y la (hasta hace poco) desastrosa librería
de mi compañera de piso