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viernes, enero 26, 2007

Ya me han liado para otro meme

Ya saben que a mí lo de los memes no me acaba de convencer. Pero, en fin, al final siempre me los pasan mujeres y yo, como todos los tíos de blogger, tengo la bitácora para ligar.
¿Qué no me funciona? Bueno, el resto de cosas tampoco y no pienso dejar de conducir un Porche por ello. Porque para eso debería empezar a conducirlo algún día y me da pereza.
A lo que voy, que Misia me lanza un nuevo desafío, a saber:

Coge el libro que tengas más a mano,
Ábrelo por la página 123
Busca la quinta frase (que no línea)
Y escribes las 3 frases que le sigan en tu blog

¿El libro más a mano? Jo, no pensaba salir de casa hoy.

Anómalo dice: ¿seguro que la guía de teléfonos no vale para el meme?
Misia dice: Que no. Oye, además del meme, ¿me podrías contestar a otra cosa?
Anómalo dice: Claro.
Misia dice: ¿¿¡¡De dónde narices has sacado mi dirección del messenger!!??

Ups. Después de esta conversación, al rato me vi obligado a salir de casa, acompañado de unos simpáticas personas que vestían con uniforme azul marino.
Los niños siguieron su camino y yo me pasé por la biblioteca a ver si podía conseguir un libro. Habida cuenta mi problema para conseguir fotos de carné, me acerqué a la FNUCK y cogí lo primero que pillé. "Anómalo", me dije, "céntrate, deja este deuvedé en su sitio y coge un libro".
Tres revistas, dos cedés (¿¡sabiáis que la música también se vende en cedés!?) y un altercado con una vendedora después, conseguí un libro. Cogí la quinta frase de la página 123 y, tras dejar un volumen en la caja de defectuosos, volví a mi ordenador y aquí está el resultado del meme:

Parecía un cachorro que aún está ciego y emite sonidos de impotencia porque tiene sed. Franz jodiendo, con sus hermosos músculos, era como un enorme cachorro que mamase de sus pechos. ¡Además era cierto que tenía en la boca un pezón suyo como si estuviera chupeteando leche.

¡Vaya! ¡Pues parece que era un buen libro! A ver si me acuerdo dónde lo cogí cuando vuelva a la FNUCK. Y si no, preguntando a un vendedor por el autor, que es... hum... esteeee... er... yo me... er... creo que dejé la cubierta en la tienda.

El meme, si les place, a Zagloso (por seguir la tradición), Perlita de Huelga y Ángela (de esta semana no pasa que te devuelva la visita, de verdad). Y si alguien más se anima, que avise.

martes, junio 13, 2006

Un día en la FNUCK

Pequeña Vq me pide que explique el caso y como (por unos días) es mi jefa, acato sus órdenes.

Todo empezó un día como cualquier otro: la gente hacía peticiones razonables, La sombra del viento seguía sin editarse en bolsillo... Lo normal. Demasiado normal. Seguro que todos habéis pasado por esos días en los que todo es tan aburrido que pones el piloto automático para trabajar. Debí darme cuenta de que algo iba a pasar cuando vi el libro de Jiménez Losantos en política y no me lo llevé a humor, que es su sitio (en la FNUCK somos modernos). Un tipo se me acercó y me preguntó: "¿tienes biblias?". A lo que mi piloto automático contestó, mientras me iba al ordenador: "¿sabes el autor?".
Entonces le miré y supe que la había cagado.

- Autor, ¿eh? -respondió cual Snape-. Pues ahora que hablas de autores, también quiero una copia de todos mis libros.
- Aaaaaaaaaah, sí... estoooooo... ¿usted es...?
- César Vidal.

¡¡¡NOOOOOOOOOO!!! Desesperado, miré a mi alrededor en busca de ayuda, pero mis compañeros estaban ocupados con el libro impermeable que acabábamos de recibir y la manguera de incendios.

- ¿Y no prefiere La sombra del viento en bolsillo? -pregunté para ganar tiempo.
- ¡Ah! ¿Ya ha salido? Mira, pues sí.

Le di unas indicaciones y aproveché la distracción para ocultarme. Saltaba tras un montón de libros amarillos cuando oí un bramido: "no es bolsillo. ¡¡¡ES RÚSTICA!!!".
Me creía a salvo, pero los libros amarillos eran ¡¡La cena secreta!! Ni Javier Sierra ni yo contábamos con un éxito editorial tan grande que me dejó al descubierto en menos de cinco segundos. Corrí mientras César Vidal me perseguía lanzándome unos libros que escribía sobre la marcha. Hasta que, al grito de "¡un chaleco granate!", una octogenaria se lanzó sobre mí, agarrándome de la citada prenda mientras me decía: "estoy buscando un libro". La única forma de deshacerme de ella era quitándome el chaleco granate, así que... lo hice.
El chaleco cayó al suelo mientras la octogenaria insistía en preguntarle si trabajaba allí y César Vidal sacaba la artillería pesada, pasando de la novela al ensayo.
Todo había salido bien... hasta que, junto a mis compañeros, palmeándoles la espalda por el control de calidad que estaban realizando, apareció el Sumo VQ (o RD Supremo):
- Chico, ¿sabes que no puedes quitarte el chaleco en la tienda?

Y esa es la razón por la que estoy en mi casa, sufriendo un trastorno obsesivo-compulsivo que me obliga a ordenar todos los libros que encuentro a mi paso, armado del chaleco granate que debo conservar hasta la ceremonia en la que nombren portador del mismo a mi sustituto. El pobre...

Mi TOC, yo y la (hasta hace poco) desastrosa librería
de mi compañera de piso

jueves, mayo 18, 2006

Con dedicatoria

Ahora que sé que otros portadores del chaleco granate pasan por aquí, les dedico esto, que más que un fragmento de ficción, parece un documental:

lunes, abril 24, 2006

Más método Gromenauer

Lo que nunca les conté es que finalmente pasé aquella prueba iniciática del método Gromenauer. Fue sólo la primera de una serie de pruebas iniciáticas del método Gromenauer que ríase usted de Humor amarillo. A pesar del locutor al que se le nota que está leyendo un guión.
Las siguientes fases incluyeron pruebas de todo tipo:

- Físicas: Los cañones de Nakasone. Igual que en Humor amarillo, pero en vez de pelotas, te tiran ejemplares de El código da Vinci).

- Psicológicas: te ponen frente a cien personas que, una a una, te piden la edición de bolsillo de La sombra del viento (¡¡que no ha salido!!). La prueba empieza cuando les dices que ese libro no existe. Ellos te rebaten afirmando que lo han visto (¡¡y tenido en la mano!!) en El tajo sajón, La keli del mamotreto o en una gasolinera. El que más tiempo aguante sin arrancar ninguna extremidad (propia o ajena), pasa.

- Psicotécnicas: distingue entre sí varias novelas de literatura rosa ¡sólo mirando la portada!

- Finalmente llegas al monstruo de la última pantalla, que es una señora que te pide un libro cuyo título desconoce, al igual que el autor y el argumento y género. Tú única pista es que el día anterior fue mencionado de pasada en algún diario de prensa local de habla hispana. Incluida latinoamerica y algunos gratuitos del Bronx. En cualquier caso, no está permitido consultar la hemeroteca ni San Google.

Así que ahí ando, enfrentándome a seguidores de César Vidal y Pío Moa. No llamo la atención porque cuando eres vendedor de la FNUCK, lo único que ve la gente es el chaleco granate. Así que, invisible y todo, paso desapercibido entre mis compañeros.

sábado, febrero 25, 2006

El método Gromenauer

Tras mucho tiempo en el paro uno se la juega con cualquier cosa. Así me vi el otro día en la planta quinta de la FNUCK, postulando por mi chaleco granate de vendedor.
Lo primero fue disfrazarme de tío cool. Para ello basta con una camiseta medio friki, unas gafas de pasta y una sudadera con capucha. Llevando esto, ningún cool se fijará en vuestra invisibilidad. Simplemente criticarán la camiseta entre ellos, aunque tengan una exactamente igual.
En la FNUCK no hacen entrevistas, hacen "dinámicas de selección". Esto signfica que juntan a un montón de gente en las puertas del servicio, para confusión y despiste de sus usuarios legítimos y luego les ponen a hacer tonterías juntos. Supe que todo estaba perdido cuando vi entrar a la chica con rastas. ¡Mis gafas de pasta no podían cotra una tía con rastas! (rima estúpida, por otra parte). Pero decidí seguir adelante.
"Adelante, seguidme", dijo la de selección de personal en ese momento.
Lo primero es presentarse. Todos en círculo diciendo su nombre, como en los campamentos. El que iba justo delante de mí dijo: "me llamo Anómalo y he estudiado Invisibilidad".
- Oye, perdona -dije yo-. Es que ese soy yo, que te has debido equivocar.
- No, no, soy yo.
Entonces me di cuenta de que era Francisco, el Hombre OPaco, mi archienemigo. Algún día os hablaré de él, pero de momento ya me estaba haciendo la puñeta.
La dinámica consistía en que los nueve íbamos en un globo tras un holocausto nuclear... lo normal: "¡oh, no! ¡¡La guerra nuclear!! ¡Corramos al globo!" ¿Qué cabe pensar de una entrevista de trabajo que empieza con un holocausto nuclear?
En fin, allí íbamos en un globo los nueve últimos supervivientes de la tierra, hacia una isla a la que no podríamos llegar si no convecíamos a alguno de que saltara del globo en cuestión. Si uno de nosotros hubiera sido David Meca, no hubiera habido duda. Si otro hubiera sido George Bush, tampoco. Pero, claro, el pardillo de Bush en lugar de subirse a un globo, había perecido por la estupidez de ocultarse en un bunker anti-nuclear. Tooooooonto.
- Ahora os diré la profesión de cada uno, para que defendáis por qué seréis útiles en la isla. Tú cazador, tu albañil...
Era como ver al Amo del Calabozo: "tú el bárbaro, tú el arquero. Acrobata, magos y el caballeroooooo. ¡Dragoooones y mazmorraaaaas!". Jiiiiijiji
- El chico pálido que está cantando por lo bajo va a ser juez.
- ¡Como Klaus!
Apuntó algo en su papel, pero yo sabía que estaba nominado para saltar del globo. Peor hubiera sido ser abogado.
- ¿Un juez no es como un abogado? -preguntó alguien, a quien denominaremos cariñosamente la Odiosa Bastarda.
La Odiosa Bastarda era la botánica del grupo. No sé lo que quería cultivar, pero evidentemente no quería jueces por allí.
- ¿Y para qué sirve una botánica? Si por lo menos fuera bióloga, como Ana Obregón...
- ¿Podemos votar quién salta basándonos en su sentido del humor? -preguntó la Odiosa Bastarda.
La discusión fue ardua y dura: "que no salto". "¡Que sí!". Hasta que la chica de rastas, que era ingeniero, dijo: "salto yo". La miré. Miró mis gafas de pasta. Miré sus rastas. ¡Qué jodía! Sabía que lo tenía ganado por su pelo y encima quedaba de guay por salvar voluntariamente a la Humanidad. Una Humanidad que tenía que recrearse basada en un Hombre Invisible, Francisco, la Odiosa Bastarda y cinco más. En el fondo era como para pensarse si realmente merecía la pena seguir en el globo...
Así, todos menos una bajamos las escaleras hacia la plaza del Bastón. ¿No querías saltar? De modo que el OPaco y yo, nos fuimos de cañas con la de rastas...

Para terminar, señores de la FNUCK, que yo sé que me leen: todo es una broma: ¡me encannnnntan sus dinámicas de selección de personal! ¿Cuándo empiezo?