Mostrando entradas con la etiqueta abuelos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta abuelos. Mostrar todas las entradas

domingo, marzo 23, 2008

Que ya es primavera, copón

Después de dejar a los amigos de Zoquete y encontrarnos a una vieja amiga, al final, nos dejamos arrastrar a la Ciudad Lluviosa.

¿Por qué? Mi abuela, que es como una sirena. Sólo que no se parece nada a un pez y en lugar de cantar dice: "yo que había hecho albóndigas...".

Así que montamos al coche (estos de Ikea, que cada vez venden más cosas) y rumbo a la Ciudad Lluviosa, sin mayor incidencia en el viaje de ida.

Subrayo de ida, porque el de vuelta...

Nada más salir de casa de mi abuela, el primer atasco:

- Jo, tío, no tenía que haber comido tanto. Dieciocho es un buen número para plantarse.

Zoquete hizo gesto de "si muevo un sólo músculo, vomito", y mi amiga miraba con desolación las barritas dietéticas que siempre lleva en el bolso. Así que nos subimos al coche y emprendimos el viaje de regreso.

El segundo atasco lo ha producido la nieve. Y no es que nos pusiéramos a comer nieve (no todos, al menos), sino que... bueno, vosotros mismos:

Y digo yo: ¿no se supone que ya es primavera? ¿Que tiene que empezar a dar buen tiempo? ¿Que los árboles empiezan a dar frutos y las terrazas cañas?

- ¿¿¡¡Alguien me puede dar una explicación!!??
- Mira el cartel -dijo mi amiga unos metros más adelante.

¡¡ Carajo, pues que la apaguen, que ya es primavera!!

Me temo que va a ser un viaje muy laaaargo.


jueves, octubre 05, 2006

Crossover: Zagloso

Desde las antípodas (geográficas, no más), esta semana he liad... recibido la visita de Zagloso de El zagloso monotrema:

Peligro, güelo
De cómo Zagloso e Invisible fueron burlados por unos ancianitos oscenses


La señal de ahí arriba parecerá curiosa a los incautos. En Papúa la hemos puesto porque somos seres sensatos y avisamos de los peligros. Pero no siempre los monotremas supimos que un anciano es un peligro.

El Zagloso y el Hombre Invisible habían ido a visitar a la Mujer que Habla Deprisa*. Tan mítica criatura habita en un territorio de leyenda: Huesca. Allí conocimos al eslabón perdido entre la mujer y Bud Spencer, pero eso es otra historia, aunque en un momento éste ser se enamorara del Invisible, con tremendas caras de temor por su parte.

El viaje se desarrolló enteramente a bordo del Zaglosomóvil. Es decir, el Zagloso conducía y el Anómalo se dormía** De día nos dedicamos a conocer los Pirineos, además de otras distracciones, como atropellar cervatillos franceses en Francia (casi le pillo). Una bella mañana de agosto, llegamos a un bonito pueblo del Alto Aragón. Miles de letreros señalaban un paraje maravilloso siguiendo el camino de baldosas amarillas. Felices enfilamos esa dirección. En un momento dado la indicación recibida se reveló insuficiente.

El Anómalo, siempre sensato sugirió: vamos a preguntar a los lugareños (dijo esa palabra, lo recuerdo). El Zagloso es más de buscar el camino por su cuenta, pero para no contravenir al copiloto decidió parar. Los primeros maños que aparecieron fueron cinco entrañables ancianitos que aguardaban cual arañas en una tela. Imaginen la escena, un tipo invisible se acerca a un grupo de señores con boina.

- Oigan, perdón, ¿es por aquí para ver el marco incomparable?
- Sí joven, todo recto.

El señor invisible volvió al coche: “Tira, es por aquí”. El Zagloso miró a su compinche y pensó: “bueno, él sabrá”. Puse el coche en marcha: diez metros bien, veinte chachi... a los cuarenta el camino comenzó a estrecharse, a los sesenta metros era una senda infame por la cual las cabras se despeñaban.

- Cabrón, ¿por dónde quieres que pase?
- No sé, a mí no me digas, lo que me dijeron los güelos.

El Zagloso comenzó a cagarse en todo mientras intentaba salvar su vida y la del coche con una arriesgada maniobra de media vuelta ante el abismo. En ese momento la vida del Anómalo contaba menos. Con habilidad consiguió salir del atolladero y emprendió una humillante vuelta atrás. Al pasar junto a los viejos, por el rabillo del ojo, vimos como se descacharraban. Cabrones. Aquel día el Hombre Invisible aprendió que los güelos son un peligro; el monotrema ya lo intuía. Ese día lo confirmó.

* También conocida como Wiki Woman. Si les parece largo es que no la han oído pronunciarlo, tarda menos que un constructor en decir “compra” a las acciones de una eléctrica. Desde aquí la mando un cariñoso saludo, pues es una persona a la el Anómalo y yo reverenciamos a la par que respetamos.

** Quiero desmentir que guarde resquemor al Anómalo por dormirse en el Zaglosomóvil. Al contrario, me encanta que la gente se quede dormida mientras conduzco, de verdad. Eso sí, siempre le odiaré porque no me dejaba poner la música alta. ¡Maldito!